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sábado, 6 de febrero de 2010

CAPITULOS 2 Y 3

Hoy os dejo con los capitulos 2 y 3, ya que son algo cortos. Un saludo.



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CAPITULO 2

Frank y Peter estaban llegando a la comisaría, los habían llamado con urgencia a pesar de
que era su primer día libre en semanas y es que, ¿hay algo más urgente que el asesinato de un
presidente de los estados unidos?.
- ¿Cómo demonios ha pasado esto?. – Preguntó Frank que iba conduciendo-.
- Adivina .-Respondió Peter mientras se acababa el perrito caliente que llevaba en las manos-
. Seguro que ha sido un grupo especializado –dijo mientras daba un mordisco al pobre
perrito- o comunistas –añadió con la boca llena.
- Seguro, no creo que una sola persona se pase por el forro a todo el servicio secreto, la
policía y vete tu a saber cuantos departamentos más –señaló Frank-.
Tomaron la calle Arnold y giraron a la izquierda en Larmar, de repente vieron el circo que
había montado en la puerta principal de la comisaría. Un tumulto de periodistas y curiosos se
amontonaban en el pequeño parque que había delante y lo hacían muy bien, ya que había
algunos policías de uniforme intentando encontrar un pequeño hueco, para poder entrar a su
puesto de trabajo.
- Joder, ni que hubieran asesinado a un presidente, -comentó sarcásticamente Peter mirando a
Frank-.
- Muy gracioso, - le respondió este mientras aparcaba el coche-.
Bajaron del coche y se encaminaron hacia la entrada. Todo el mundo estaba allí muy
nervioso, se movían por todos lados comentando rumores y todo tipo de versiones sobre lo
que había ocurrido.
- Dicen que ha sido Fidel, - estaba diciendo un chico pelirrojo- me lo ha dicho un amigo que
trabaja de becario en la radio.
- No me extrañaría nada, - le respondió el que tenía al lado-. Estos comunistas son capaces
que cualquier cosa.
Frank y Peter se miraron y no pudieron evitar sonreír. Iban apartando a la gente para poder
avanzar, al fin llegaron a la puerta.
- Hola Ted, - saludó Peter al guardia que había en la puerta-, menuda tienes aquí montada
esta noche.
- Hoy no estoy para coñas Peter – respondió cabreado el guardia a la vez que empujaba a un
fotógrafo hacia fuera-. Os he dicho que no se puede pasar coño, al próximo que lo intente le
meto una hostia con la porra.

Siguieron caminando hacia el hall mientras sonreían, por el marrón que tenía Ted en la
puerta.
- ¡Ya era hora señores marqueses! – gritó una voz desde la parte de arriba de la escalera
central que dividía el hall y daba acceso a la segunda planta del edificio.
Era Jesse Curry, jefe de la policía y no estaba precisamente tranquilo, lo que era bueno. Jesse
era un hombre muy nervioso y casi siempre estaba de aquí para allá dirigiendo su comisaría
de una forma intachable. Contaban que antes de ser ascendido, debido a un tiroteo sufrió una
herida de bala en la pierna derecha, lo que le hizo estar de baja en casa dos meses guardando
reposo absoluto, lo que le costó su matrimonio, ya que era insoportable y es que reposo
absoluto en la vida de Jesse Curry significaba más o menos muerte.
- Hola jefe, ¿Qué pasa ahí fuera?. –Preguntó Peter en su broma diaria al jefe-.
- Pasa que como no subáis aquí en dos segundos, juro por los hijos que no tengo que os pego
un tiro a los dos.
- Vaya y eso que hoy tiene un buen día. –dijo Peter mirando a Frank, el cual estaba
sonriendo-.
Subieron las escaleras de dos en dos y debieron de hacerlo en menos dos segundos, ya que
Curry aún tenía el arma en su funda.
Curry los miró a la cara y se dio la vuelta, Frank y Peter lo siguieron sin decir palabra.
Pasados unos cuantos pasillos, salieron a la escalera de servicio y subieron por ella.
- Bien, -empezó diciendo Curry-. Posiblemente este sea el peor jodido día de mi vida, el FBI,
el servicio secreto y posiblemente la CIA han invadido mi comisaría y todos tienen prioridad
sobre nosotros, así que señores somos la última mierda.
Entraron por la puerta de las escaleras de la tercera planta, donde había un joven agente con
unas carpetas que entregó a Jesse como si le hiciera una ofrenda al mismísimo niño Jesús.
Curry se las entregó sin girarse a los dos detectives, que le seguían a duras penas.
- Esta bien, -continuó Curry-, este medio día a las doce y media el presidente Kennedy ha
sido herido por unos disparos mientras circulaba en su coche presidencial por la plaza
Dealey, murió a las 13:00 en el hospital Parkland.
- ¿Alguna sospecha señor?.-interrumpió Peter-.
Curry se volvió hacia él y sin hacerle caso alguno continuó caminando y relatando los
hechos.
- También fue herido el gobernador Connally y un ciudadano que se encontraba viendo el
desfile. Cuarenta y cinco minutos después alguien mató a tiros a un agente de policía y en un
posterior tiroteo detuvimos a un tipo.

Se detuvo completamente delante de una sala de interrogatorios, se giró y dijo a los
detectives.
- Todo parece indicar, que este tipo es el que ha disparado al presidente.
Abrió la puerta de la sala y entraron los tres. Dentro de la sala semioscura y de unos diez
metros cuadrados, se encontraban dos hombres con traje negro impoluto y mirada
inexpresiva.
- Detectives, -dijo Curry refiriéndose a Frank y Peter-. Les presento a los agentes Farelly y
Loosle.
Ambos agentes tenían la misma expresión y parecían la misma persona, a pesar de ser uno
moreno y otro rubio. Menudos estirados –pensó Peter- mirándolos de arriba abajo.
- Tenemos que hablar Curry, - dijo el agente Loosle, señalando hacia la puerta para dejar
claro que debía ser a solas-.
Salieron de la habitación y cerraron la puerta. Dentro quedaron Frank, Peter y el agente
Farelly. Farelly se quedó mirando en silencio a los dos detectives con su cara inexpresiva
durante unos segundos. Al cabo de lo que a Peter le pareció un espacio de tiempo más largo
que la segunda guerra mundial, dijo.
- ¿Menudo follón tenemos aquí montado, eh?
El agente Farelly se giró hacia la ventana de cristal que separaba la pequeña sala donde se
encontraban y otra más grande.
Peter miró a Frank y este se encogió de hombros.

CAPITULO 3

Al otro lado del cristal se encontraba un tipo, sentado en una silla de metal y apoyado sobre
una mesa del mismo material y color. Estaba sentado erguido con las manos sobre la mesa y
mirando la habitación como si se encontrara en un lugar desconocido pero a gusto.
Peter y Frank estaban mirando a través del cristal a aquel tipo, no parecía en absoluto
peligroso.



Junto a ellos, el agente Farelly no le quitaba ojo al sospechoso, como tratando de descifrar lo
que pudiera ocultar.
De repente se abrió la puerta y entró Curry. El agente del FBI se giró, Curry asintió con la
cabeza y Farelly salió de la habitación sin mediar palabra cerrando la puerta tras de si.
- Menudos gilipollas. –dijo Curry una vez estuvieron solos-.
- ¿Qué ha ocurrido jefe?. –Preguntó Frank-.
- Supongo que cosas del FBI, -dijo Curry-. Nos dejan al sospechoso pero quieren que
enviemos todas las pruebas a Washintong.
- ¿Para que hacen eso?. –Repuso Frank-.
- Yo que cojones sé, -respondió Curry-. Lo único que sé es que este tío a matado a un agente
de policía y posiblemente al presidente, así que entrad hay y estrujarle hasta que confiese.
Salieron de la habitación semioscura y cerraron la puerta.
- ¿De verdad crees que si ese tío ha matado al presidente, el FBI lo iba a dejar aquí?. –
Preguntó Peter. Mirando a su alrededor para comprobar que nadie le escuchaba
- La verdad es que es muy raro. –Respondió Frank-.
- En fin hagamos nuestro trabajo, lo último que necesito ahora es una conspiración.

Abrieron la puerta de la nueva sala y entraron los dos en fila india.
En la sala solo había una mesa, tres sillas y el detenido. No era precisamente muy acogedora.
Frank que iba delante apartó una de las sillas que se encontraban en frente del detenido y se
sentó, Peter se quedó de pie en silencio. Estaban realizando su numerito del poli bueno y el
poli malo, el cual les había procurado el sobrenombre de “los dos Bacon”. Aun no tenían ni
idea de a quien se le había ocurrido y menos aún que cojones quería decir.
Peter se encendió un pitillo y se mantuvo en una esquina de la habitación mirando al detenido
y sin mediar palabra. Frank por su parte abrió el dossier que llevaba consigo, hojeó un par de
páginas, levantó la vista hacia el detenido y comenzó.
- ¿Señor Oswald?, -miró al acusado esperando que este confirmara su nombre-.
Pero el tío que tenia enfrente, se limitó a sonreír y a mirarle.
- Señor Oswald, -continuó Frank- ¿es usted consciente de los cargos que se le acusa?.
El detenido borró la sonrisa de su cara, asintió con la cabeza, se inclinó hacia delante y dijo.
- Falsos cargos. –Se volvió a dejar caer sobre su silla-.
- Esta bien, -apuntó Frank-. ¿Puede contarme que es lo que ha pasado?.
El detenido miró a Frank, luego a Peter y sonrió. No iba a decir nada, o al menos eso es lo
que dio a entender.
- Mire, -dijo Peter acercándose al detenido- no se si ha matado al presidente o no, en realidad
me importa bien poco, eso se lo dejaremos a los chicos del FBI, CIA o quien diablos se vaya
a encargar de su miserable vida.
Se detuvo a la derecha del tipo esposado, se medio sentó sobre la mesa y mirándole a los ojos
continuó.
- Pero por otro lado ha matado a un policía de Dallas, a un colega y eso no tiene discusión
alguna. Así que si colabora un poco, solo un poco, quizás no se pudra en la cárcel y pueda
hacer un trato.
- ¿Qué cree que me va a pasar?, -preguntó desafiante el detenido-.
La pregunta cogió a Peter por sorpresa, pensaba que tenía el control de la situación y que
tenía al detenido donde él quería, contra las cuerdas, al fin y al cabo asustar a alguien con
pudrirse en la cárcel y luego darle una esperanza siempre le había funcionado.
- Sinceramente creo que se va a podrir en una celda. –Se repuso Peter-.
El detenido se acomodo en su silla mientras sonreía de tal forma que parecía que le tenía que
doler toda la cara. De repente se incorporó de nuevo apoyándose sobre la mesa.
- Miren –comenzó- en cuanto a lo de ese poli, lo siento mucho, fue un tiroteo, los dos íbamos
armados y el salió perdiendo, además el disparó primero, lo cual se puede considerar defensa
propia por mi parte. Pero créanme, eso es lo de menos, teniendo en cuenta el enorme servicio
que acabo de prestar a mi patria, cuando dentro de dos o tres semanas este recogiendo mi
medalla en el congreso, ustedes seguirán con su vida deteniendo a rateros y colgados, así que
dejen que les de un consejo, no pierdan más el tiempo conmigo.
Peter se puso de pie con aparente tranquilidad, pero solo era aparente, ya que sin previo aviso
cogió al detenido por el pescuezo le empujó hacia atrás y lo tiró de espaldas al suelo con silla
y todo.
Se puso sobre él y le pisó el cuello con su elegante zapato negro y le dijo sonriendo.
- Tranquilo tío, solo te voy a tomar la medida para tu medalla.
Desde el otro lado de la mesa y sin inmutarse Frank sonrió.
- Acasss n tttt pprreo. –Empezó a gruñir el detenido desde el suelo-.
Peter aflojó la presión de su zapato para que el pollo empezara a cantar.
- ¿ Acaso no te preocupa, -comenzó a decir-, que ni el FBI, ni la CIA ni tan siquiera el
servicio secreto se hayan molestado en detenerme e interrogarme?, se quedó en silencio unos
segundos mirando a Peter y le dijo, créeme, tendré mi medalla del congreso.

5 comentarios:

  1. Interesante, un poco paranoico todo, pero muy interesante.

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  2. Interesante, por ahora es un poco paranoico todo, pero me está enganchando.

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  3. bueno hasta aki raya un poco

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  4. Todavía no leí el capítulo 1...jaja... lo voy a comenzar pronto!! saludoss

    Valeria.C

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