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martes, 2 de febrero de 2010

CAPITULO 1

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Sam Fisher abrió la gran puerta de la sala de control y se dispuso a dar por concluida su
jornada laboral, se encaminó hacia el panel para fichar de la pared sur cuando se dio cuenta
que llevaba tanto tiempo sentado en su puesto, que tenia las piernas medio dormidas.
-¡Maldita sea!, exclamó mientras se masajeaba la parte anterior del muslo para conseguir que
la sangre volviera a fluir con normalidad.
Siguió su camino y sacó la tarjeta con su ficha, la pasó por el moderno sistema para fichar y
volvió a guardarla en su sitio.

Mientras andaba por el pasillo central de aquel vetusto edificio de hormigón color gris se dio
cuenta que Mike, su relevo, aún no había llegado.
- Maldito crío, otra vez se retrasa. - Pensó sin preocuparse demasiado -. No era la primera vez
que aquel cabronazo empezaba el fin de semana en jueves y llegaba tarde al trabajo.
Una sonrisa inundó su cara al recordarse a si mismo con la edad de Mike, despreocupado e
irreverente, viviendo el día a día como si no hubiera mañana.
De repente se dio cuenta que ya había recorrido todo el pasillo y estaba parado delante de la
puerta inmerso en sus pensamientos, la sonrisa se acentuó aún más. Tiró de la barra de hierro
de la puerta de emergencia hacia arriba y esta se abrió emitiendo un ruido, le costó unos
segundos acostumbrarse a la claridad del exterior, se puso la mano derecha sobre los ojos y
esperó a recuperar por completo la vista.
- ¿Dónde diablos habré dejado mi coche?. - Exclamó sarcásticamente - mientras miraba de
un lado a otro por el aparcamiento vacío, en el que solo estaba su chevy. Esperaba el día en
que saliera alguien más con él para poder soltar el chiste.
Se dirigió al coche que se encontraba justo enfrente de la puerta, mientras caminaba se metió
la mano en el bolsillo y sacó las llaves, abrió la puerta y se metió en el interior de su querido
coche. Se relajó unos segundos en el interior antes de ponerlo en marcha. Había sido un turno
de diecisiete horas y estaba agotado, solo quería llegar a casa y tumbarse tranquilamente a
ver la tele o como sucedería realmente quedarse dormido en el sofá.
Una vez puesto en marcha, encendió la calefacción y se acomodó en el asiento mientras
esperaba en el semáforo de la esquina, ese que tardaba un mundo en cambiar a verde y que se
le había olvidado evitar yendo por la calle de al lado. Mientras esperaba giró el botón de la
radio. Solo interferencias.
- ¡Maldita sea! . – Exclamó una vez más, a la vez que pensaba – tengo que cambiar de coche-.
Lo intentó un par de veces más sin ningún éxito. La radio no tenia la intención de facilitarle
un viaje entretenido. De todas formas no sería demasiado largo.
Giró a la derecha y se incorporó a la avenida Haskell, se sorprendió de lo aparentemente
vacía que se encontraba.


- ¡Vaya!, deben de estar poniendo algo realmente bueno por la tele – se dijo-.
Cuando se acercaba al cruce con la calle Elm, vio dos coches patrulla que estaban desviando
la circulación . Los agentes hacían aspavientos muy alterados y estaban desviando el tráfico a
la derecha, hacia la avenida Hill. Hizo caso a los agentes y se encaminó hacia allí, de nuevo
otros dos coches le indicaban que girara otra vez a la derecha y deshiciera el camino, pero
esta vez por la avenida Hill.
- ¡Genial! , voy a perder diez minutos de trayecto y sin radio. –exclamó entre cabreado y
cansado -.
Estaba harto de que cada vez que al ayuntamiento se le ocurría algún acto o parafernalia,
fueran los ciudadanos los que tenían que sufrir las consecuencias. De pronto se acordó y se
cabreó aun más consigo mismo.
- ¡Mierda! Seré imbecil, veintidós de noviembre Sam, -se dijo a si mismo-. La puta visita del
presidente, -joder, me cago en la puta –, siguió profiriendo palabras malsonantes un rato
más, sabiendo que no serian diez minutos, ya que esta visita era la madre de todas las visitas
que había sufrido Dallas y que ahora nadie sabia la vuelta que le harían dar.
Se le había olvidado por completo y por eso cogió el camino de siempre a casa a pesar de que
llevaban semanas dando el tostón en todos los medios con la visita del presidente, que si el
presidente para arriba, que si el presidente para abajo, ya ni podía ver tranquilamente sus
programas favoritos en la tele, sin que estos fueran interrumpidos por el típico avance de
noticias dando algún estupido dato sin relevancia sobre la visita. Siguió por Hill hasta el
cruce con la avenida Gaston, giró a la derecha y siguió por ella.
Sam era un animal de costumbres y todos estos imprevistos lo enfurecían sobremanera, más
cuando venia de hacer un turno de diecisiete horas, en las que no había pegado ojo y se había
atiborrado de café, si se podía llamar a eso café.
Sam pedía poco a la vida, su trabajo, su casa y sus programas de televisión favoritos. Esta
forma de vida había llevado a Sam a ser un hombre bastante solitario y aspirante a ganar
algún concurso sobre obesidad.
Giró a la izquierda en Munger Boulevard, continuó hasta que el boulevard se convirtió en la
avenida Barry, era increíble como estaban las calles de vacías siendo un viernes, Sam miró su
reloj, siendo un viernes a las tres de la tarde. Había tardado casi una hora en hacer un trayecto
que normalmente le llevaba de diez a quince minutos. Apretó el volante con todas sus fuerzas
para sofocar un poco el cabreo que le produjo ese pensamiento. Llegó de nuevo, por fin, a la
avenida Haskell, avenida que no debió haber dejado por esa estupida visita y de un
demócrata encima. Volvió a estrujar el volante con todas sus fuerzas.
Continuó por Haskell hasta el cruce con Dolphin giró a la izquierda y de nuevo a la derecha
en la calle Forney. Por fin había llegado a casa, detuvo el coche delante justo de la entrada. Una
sonrisa de alivio y felicidad inundó su cara.
Bajó del coche y se encaminó hacia el porche de casa donde tantas noches había visto los
interesantes partidos de béisbol, sin duda eran interesantes ya que se jugaba mucho dinero
apostando en ellos. Abrió la puerta de casa y se dispuso a entrar, pero antes miró por el jardín
casi automáticamente en una vana búsqueda del periódico diario, que sin duda le habían


robado como todos los días que tenia doble turno. Así que entró en casa y sintió una
agradable sensación del que se sabe libre de su trabajo durante un par de días y se dispone a
relajarse en un lugar de ensueño, en el caso de Sam, este lugar era su casa.
Después de hacer una visita casi obligada al baño se preparó un tentempié y se sentó en el
amplio sofá negro del salón, conectó la televisión y cuando iba a empezar a disfrutar de
verdad, apareció de nuevo la cara del estúpido presentador de noticias, repeinado hacia atrás
con tanta laca que al cabo de los años los científicos dirían que él provocó el fin del mundo al
no dejar respirar aire limpio a cuantos pasaban a su alrededor.
- ¿Será posible?. Esto es increíble - dijo Sam con tono de alguien que está muy cabreado pero
a la vez empieza a resignarse-.
De repente se dio cuenta que lo estaba pasando en la pantalla no tenia nada que ver con las
celebraciones del día, ya que la cara de ese estupido que aparecía en la televisión mostraba
una expresión de perplejidad y acojonamiento masivo. Prestó más atención y subió un poco
el volumen.
- ¡ El presidente numero treinta y cinco de los estados unidos John Fitzgerald Kennedy ha
sido abatido por unos disparos este medio día en Dallas mientras hacía un recorrido por las
calles de esta ciudad, las noticias sobre lo que ha pasado aún son confusas…!
De repente Sam dejó de oír lo que decía el estúpido y fue consciente de lo que había
sucedido.
Dios, a él le importaba más o menos una mierda todo este asunto pero no pudo evitar que un
escalofrío le recorriera el cuerpo desde los dedos de los pies hasta los pocos pelos que aún le
quedaban en la cabeza.
Se recostó en el sofá e hizo un gesto de incredulidad con la cara mientras se tocaba el cuello.
Se percató que en la televisión aún seguían dando datos sobre el tiroteo y fue entonces
cuando se dio cuenta que ya no había solución, que ya no vería su programa favorito
mientras se comía su tentempié.

8 comentarios:

  1. La temática me gusta, a ver como sigue.

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  2. Yo he tenido la suerte de poder leerlo y el libro esta de puta madre. La forma de contar los capitulos hace que te tenga enganchado y sientas la necesisdad de leerte el siguiente para ver que va a pasar. Suerte.

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  3. esperemos que esto solo haya sido el principio,porque el final me dejo un poco decepcionado

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  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  5. Por cierto, os agradecería a los que les pasé el texto completo para su revisión que no contarais nada, ya que la idea es subirlo al blog por capitulos.

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  6. La verdad es que el final de este primer episodio es el principio de la verdadera historia...

    Ah¡ y poned el nombre en los comentarios o un nick, que si lo dejais todos en anonimo, parece que solo escribe uno, muchas gracias.

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